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La moda no humana

mayo 4, 2019

A una semana de la muerte del modelo Tales Cotta en pleno desfile, quedó confirmado, una vez más: no hay fair play en el mundo de la moda. Alcanza con leer este titular: «La semana de la moda de Sao Paulo termina con una muerte y sin luto». Sin vueltas. Sin eufemismos. Así lo replicaron medios de todo el planeta. Murió el modelo Tales Cotta, una persona de 26 años de origen mineiro.

Como si se tratase de una pesadilla se lo pudo ver cayendo en medio de la pasarela mientras transcurría el desfile de la marca Ocksa. Quedó sin vida minutos después de llegar al hospital. Los desfiles de la grilla de ese día se desarrollaron igual, solo en el de la firma Cavalera uno de los artistas invitados vociferó: «Acaba de morir una persona y estás aquí como si la vida no valiese nada».

No hubo luto. Todo continuó —casi— con normalidad. Al otro día, en la última jornada de la edición número 47° de Sao Paulo Fashion Week (SPFW), apenas hubo algunas modificaciones en la música, además de los minutos de silencio previos a las pasadas.

La organización extendió las condolencias hacia la familia de Cotta, en un primer comunicado. Después, en otro, con total desparpajo expresó que había consultado qué hacer con las marcas y con otros participantes de la semana de la moda y que la decisión había sido seguir. A su vez, procuraron explicar que había comida en el backstage y que aún no se sabían las causas de la muerte del modelo. ¿Realmente eso era lo importante? ¿Cómo murió? ¿Por qué razón? O que el show siguió a pesar de una muerte en medio de un desfile, el momento más efímero y, a su vez, más ponderado de la moda aspiracional. ¿Necesitan más literalidad? O ¿con esa apatía buscan aseverar que la moda es cada vez menos humana?

Hay que decirlo: el evento fashion más importante del Cono Sur se puso monstruoso en el peor de los sentidos. Y vaya paradoja que este hecho se da en el contexto del movimiento Fashion Revolution Week o Semana de la Revolución de la Moda, que empezó el 23 y terminó el 29 de abril. Surgido en 2013, tras la muerte de 1138 personas en una fábrica en Rana Plaza (Bangladesh), busca denunciar el juego sucio y concientizar a propósito de la celeridad de una industria que no para y que, entre sus causas más nefastas, comprende el trabajo esclavo y la utilización de materiales nocivos para el medioambiente y, por ende, también para las personas.

No puedo dejar de relacionar la secuencia de San Pablo con otra de las noticias del fin de semana que también se dio en torno a la industria del entretenimiento y que involucra a miles de personas e incluso volúmenes desorbitados de dinero. Esa no sería una excusa. Hablo del giro de Marcelo Bielsa en el Leeds. Ante aquello que podría haber significado una injusticia para el equipo rival, el director técnico rosarino cortó el juego del «da lo mismo», y en una burla histórica al «siga siga» futbolero, les indicó a sus jugadores que se dejaran hacer un gol, con todo lo que eso implica. No hizo falta que muriera nadie para que Bielsa hiciera ese gesto, más que ético, humano, uno más del fair play que lo caracteriza. Aunque pueda parecer antojadiza la comparación entre el fútbol y la moda no creo que lo sea. Se trata del gesto pronunciado, acertado, a tiempo, en el caso de Bielsa, y la desidia, la morosidad y la falta de gesto en la escena de la moda.

«Trabajamos con personas», esa referencia la dio Paulo Borges, el respetado fundador de SPFW, 48 horas después de la muerte del joven, en un nuevo intento de explicar o mejor aún de reflexionar, bienvenido sea: ¿Por qué actuaron así? ¿Qué les pasó? ¿Lo podrían haber hecho de otro modo? ¿No fue posible cortar el juego?

Solo me queda decir que si respondo al eslogan de este año de SPFW, «Qual é a sua utopia» (‘Cuál es tu utopía’), hay una única respuesta posible: que la moda se vuelva más humana.

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